Volver a sentir mariposas también es magia
- 26 may
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Hay conexiones que llegan a tu vida para desordenarte el alma de la forma más bonita posible.
Hay conexiones que llegan a tu vida a desordenar tu alma, no porque prometan eternidad, noo porque vayan a convertirse en el amor de tu vida. Sino porque aparecen justo en el momento en que comenzabas a creer que ciertas emociones ya no volverían a existir dentro de ti.
Y creo que muchas mujeres sentimos eso después de ciertas rupturas, ciertos dolores o relaciones que nos desgastaron emocionalmente. Comenzamos a pensar que crecer significa dejar atrás las mariposas, el nerviosismo, la emoción de esperar un mensaje o esa sonrisa tonta cuando alguien que te gusta aparece en la pantalla.
Como si enamorarse, ilusionarse o sentir esa tensión rica fuera solo para los veinte, pero no. A veces la vida te manda personas inesperadas solamente para recordarte que sigues viva.
Y aunque la historia no siempre llegue hasta el final, qué hermoso es volver a experimentar esa primera etapa donde todo se siente nuevo, ligero y emocionante.
Hace mucho tiempo no sentía algo así.
Después de una relación de diez años, honestamente pensé que ciertas sensaciones ya no volverían a habitarme. Y no hablo solamente del amor romántico, hablo de la conexión. De esa energía rica y mutua donde conversar se vuelve fácil, donde no tienes miedo de decir lo que sientes y donde el coqueteo nace desde la naturalidad, no desde la estrategia.
Porque también existen las otras conexiones.
Esas donde te gusta alguien, sí… pero todo se siente contenido, medido y calculado, donde piensas demasiado antes de hablar, donde analizas cada mensaje, donde te cuestionas si responder rápido te hará parecer ansiosa y reprimes el cariño para no parecer “mucho”. poruqe constantemente intentas no incomodar, no presionar, no molestar. Y termina siendo agotador.
Porque aunque exista atracción, no hay verdadera reciprocidad emocional.
Muchas veces esas personas están atrapadas en discursos como:“no quiero una relación”,“estoy bien solo”,“no puedo permitirme sentir algo por alguien”.
Y una termina adaptándose a esa energía, encogiéndose emocionalmente para caber en espacios donde jamás iba a sentirse completamente amada.
Entonces llega un momento donde dejas de disfrutar el proceso, porque todo parece peligroso, sentir demasiado, hablar demasiado, querer demasiado, y eso no es amor, eso es supervivencia emocional.
Pero de pronto, cuando menos lo esperas, aparece alguien con quien todo se siente más simple.
Más liviano.
Más natural.
Y vuelven las mariposas.
Vuelves a fantasear, vuelves a sonreír mirando el celular, vuelves a imaginar escenarios improbables mientras escuchas música o manejas de vuelta a casa.
Y sí, quizás suene adolescente, pero también es profundamente humano, porque cuando una conexión es sana, no necesitas esconderte constantemente para ser querida.
Puedes coquetear, puedes emocionarte, puedes decir algo tierno sin sentir que estás “perdiendo poder”, puedes ser tú misma sin miedo a espantar a la otra persona.
Y creo que ahí también aparece el verdadero misticismo del amor.
No en los amarres, no en las señales imposibles, no en perseguir obsesivamente a alguien que no puede sostenerte.
El verdadero acto mágico ocurre cuando comienzas a validarte a ti misma. Cuando entiendes que las energías que no podían amarte correctamente no eran una representación de tu valor, sino simplemente personas que no estaban preparadas para crecer emocionalmente contigo.
Porque el amor maduro también da miedo. Implica cambiar, abrirse, sostener a otra persona desde la responsabilidad emocional.
Y muchas personas prefieren quedarse en vínculos cómodos, superficiales o emocionalmente limitados antes que enfrentarse a una conexión real.
Durante mucho tiempo pensé que yo era “la regla”, como en una de mis películas favoritas, He's Just Not That Into You.
Pensé que si alguien dudaba de mí, evitaba comprometerse o me hacía sentir insuficiente, entonces probablemente simplemente no era “tan importante”.
Pero con el tiempo entendí algo, yo no era el problema, simplemente estaba intentando florecer en lugares donde mi energía nunca iba a ser sostenida correctamente.
Y cuando finalmente comienzas a reconocer eso, algo cambia.
Te alejas de lo que duele, sueltas lo que te apaga y entonces aparece la expansión.
Nuevas personas, nuevas emociones, nueevas experiencias y vuelves a permitirte sentir cariño, atención, deseo, ternura y esos pequeños momentos que le devuelven calorcito al alma.
Quizás eso también sea magia.
No encontrar a alguien que te complete, sino encontrar conexiones que te recuerden todo lo viva que sigues estando.




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